lunes, 7 de julio de 2014

Un mapa del riesgo del "fracking" para las aguas subterráneas


Pozo de perforación de una explotación de gas mediante 'fracking' en EEUU. SUSAN BRANTLEY

La búsqueda de gas mediante 'fracking' ha despertado en Europa un encendido debate. De hecho, en España una reciente sentencia del Tribunal Constitucional que rechaza que las Comunidades Autónomas puedan prohibir en su territorio este tipo de prospecciones gasísticas ha levantado ampollas en algunas regiones que habían aprobado -incluso por unanimidad- normas que impedían su desarrollo. La fractura hidráulica -como se conoce a esta técnica en el sector- es una forma de extraer gas natural del subsuelo para la que hay que perforar el lugar escogido y romper estratos rocosos de pizarra a gran profundidad (hasta 5.000 metros bajo la superficie). Para ello se inyecta bajo la superficie agua a presión mezclada con arena y sustancias químicas, algunas de ellas muy contaminantes, para extraer las pequeñas burbujas de este gas impregnadas en la roca. 

Una de las críticas que recibe la técnica por parte de sus detractores es la posibilidad de que ocurran errores en la perforación y se contaminen las aguas subterráneas aptas para consumo humano que se atraviesan en la construcción. Precisamente para aportar a los gestores toda la información posible sobre este riesgo, el servicio geológico británico (British Geological Survey) acaba de publicar un estudio sobre la distancia que separa los acuíferos de las capas geológicas ricas en gas pizarra, o shale gas, como se conoce a este recurso. El trabajo consiste en un mapa que superpone las zonas donde hay aguas subterráneas a las que son susceptibles de albergar hidrocarburos y analiza la distancia entre ambos en cada punto, algo de vital importancia para evaluar el riesgo potencial de que el fracking pueda contaminar con metano o con productos químicos el agua de los acuíferos. 

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Duke (EEUU), y publicado en la revista científica 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS), concluía a mediados de 2013 que la concentración de gas metano en el agua de consumo humano era seis veces mayor de lo normal y la de etano llegaba a ser hasta 23 veces superior en los pozos situados a un kilómetro de las prospecciones analizadas en el noreste de Pennsylvania, en un yacimiento de gas de pizarra llamado Marcellus. Sin embargo, para la industria del 'fracking' es necesario hacer distinciones entre explotaciones viejas y modernas y entre las exigencias ambientales a uno y otro lado del océano Atlántico. 

«La correcta construcción y cementación de los pozos esencial para asegurar la estanqueidad de pozo y, con ello, la protección del entorno», asegura un portavoz de Shale Gas España, la plataforma que aúna a las empresas interesadas en extraer este combustible en España. «Mediante la utilización del denominado 'triple casing', una triple capa de acero y cemento que mantiene el interior del pozo totalmente aislado, se garantiza la protección de las aguas subterráneas y acuíferos», explican desde Shale Gas España. 

El estudio asegura que en la práctica totalidad de las áreas analizadas -el 92%- los acuíferos están separados del shale gas por al menos 800 metros de estratos geológicos, lo que dificultaría la contaminación en la rotura horizontal del estrato rocoso y limitaría el riesgo al punto de contacto entre pozo y acuífero donde se usa el triple casing. Sin embargo, el mapa señala una zona al norte de Inglaterra, llamada Bowland, en la que hay áreas con menos de 200 metros de separación entre acuíferos y capas con presencia de gas. Y precisamente este lugar fue el primero en el que se estudió el potencial gasístico en Reino Unido. En estos casos, el riesgo es que las pequeñas roturas de la roca provocadas por el 'fracking' en el estrato tras la perforación horizontal puedan ascender esos 200 metros de separación y conectar el agua con el gas presente en la roca. 

«Hemos identificado áreas donde los acuíferos están en relativa estrecha cercanía con los estratos de gas pizarra y en los que cualquier desarrollo debería ser estudiado con un cuidado particular», explicaba John Bloomfield, del British Geological Survey a la BBC. La industria insiste en que los reservorios que contienen este gas no convencional están por lo general separados de los acuíferos por más de 1.000 metros de rocas impermeables. 

Un informe publicado por la Universidad de Durham y citado por Shale Gas España apunta en la misma dirección. «Con los acuíferos de agua potable situados típicamente a unos 300 metros bajo la superficie y con la mayor parte del 'fracking' ocurriendo a profundidades de dos a tres kilómetros, es extremadamente improbable que una fractura hidráulica pueda conectar las dos zonas», concluye. 

Desde Shale Gas España aseguran que en nuestro país estas prospecciones se harán con todas las garantías ambientales. «Las operaciones en España se realizarán sin excepción en condiciones de vertido cero, es decir, que el fluido se almacenará, una vez separado el gas que pudiera contener, en balsas o tanques certificados y sellados para su tratamiento o eventual reciclaje», aseguran desde Shale Gas España. 

Terremotos a distancia 

En Estados Unidos, las aguas contaminadas que se generan durante el proceso de extracción de petróleo y gas se suelen inyectar en el espacio subterráneo dejado por los hidrocarburos. Los científicos demostraron en 2013 que esta técnica puede afectar a las tensiones geológicas de zonas en las que hay presencia de fallas. Pero se estimaba que estos temblores de tierra no afectaban a más de 20 kilómetros de distancia. Sin embargo, un estudio publicado hoy en Science, revela que cuatro pozos de inyección situados en Jones, Oklahoma (EEUU) afectan hasta a 35 kilómetros y son capaces de provocar hasta el 20% de los terremotos de todo el centro de EEUU. Oklahoma ya ha superado a California - el estado que suele ostentar el récord- en número de terremotos al año. En cualquier caso, la reinyección no se va a utilizar ni ahora ni en el futuro en los proyectos de exploración de gas no convencional en España, según un portavoz de Shale Gas España. «El agua de retorno que se recupera tras el proceso de estimulación hidráulica se almacenará en tanques para su tratamiento o reciclaje», explica.


Publicado en: El Mundo

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