miércoles, 22 de enero de 2014

Sobran instalaciones eléctricas


En España no solo sobran aeropuertos, autopistas o casas. 
También sobran decenas de instalaciones de producción eléctrica. 
A pesar de ello, se siguen construyendo más. 




España tiene un exceso de instalaciones de producción eléctrica como nunca antes lo había tenido. Prácticamente la mitad de las instalaciones están infrautilizadas. Algunas funcionan incluso muy por debajo del mínimo de eficiencia técnica y de sostenibilidad económica. A pesar de esta situación, se siguen instalando nuevos megavatios. 

Según los últimos datos de Red Eléctrica, el sistema eléctrico español finalizó el año 2013 con un total de 108.148 megavatios de potencia de generación instalados. Es un 0,6% más que en 2012. Aunque el crecimiento es relativamente pequeño, con apenas 650 megavatios más, sorprende que el país siga aumentando su capacidad eléctrica teniendo en cuenta que no tiene cabida. 

La potencia máxima que se necesitó el pasado año para atender la demanda de todo el país en un momento punta fue de 40.277 megavatios, el día 27 de febrero. Supone menos de la mitad de los megavatios que hay instalados. Incluso teniendo en cuenta un margen de seguridad de hasta el 20%, en España hoy no se necesitarían más de 48.000 ó 50.000 megavatios. 

La potencia disponible sigue estando incluso muy por encima del máximo histórico de demanda, ocurrido el día 17 de diciembre de 2007, con 45.450 megavatios. Todavía no había llegado la crisis a España en toda su virulencia. No es probable que ese récord se vuelva a alcanzar a corto o medio plazo. Ayer, por ejemplo, en plena ola de frío, la demanda máxima prevista no superaba los 39.000 megavatios. 

En el sistema eléctrico de cualquier país, una sobrecapacidad de instalaciones es casi un problema peor que la escasez de instalaciones. Las instalaciones ociosas en un sistema eléctrico son un problema por partida doble. Si se mantienen disponibles para echar a andar en cualquier momento, tienen un coste fijo difícil de soportar. Y si se deciden hibernar y reactivarlas en un futuro, corren el riesgo de quedarse obsoletas. Hay centrales, además, que incluso en estado de hibernación tienen un coste. Es el caso de los ciclos combinados, o centrales térmicas de gas, que necesitan un mantenimiento para no deteriorarse. 

Lo que más creció el pasado año fueron las centrales termosolares, que aumentaron un 15%, hasta los 2.300 megavatios, seguido de las fotovoltaicas, que a pesar de los recortes a las subvenciones sufridos desde 2011, aumentaron en un 3,2%, hasta superar los 4.680 megavatios. 

La eólica también siguió creciendo. Aumentó un 0,8%, hasta los 22.900 megavatios, y ya casi supera a la tecnología más abundante, los ciclos combinados, que tienen 27.206 megavatios.

Articulo escrito por Miguel Ángel Patiño y publicado en Expansión

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