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jueves, 12 de julio de 2012

Las cuentas pendientes de la energía

Publicado en la sección de economía del diario "El País" por Santiago Carcar. 

La cirugía sin anestesia, de combate, que está practicando el Gobierno en la economía ha tocado hueso y se acerca al nervio. Tras la reforma financiera y la del mercado de trabajo, toca reformar el sistema energético. Es un asunto delicado en un país con un sistema solo nominalmente liberalizado, con una dependencia exterior brutal (80%) y un consumo de energía que es un 20% superior a la media europea por unidad de PIB. 

La reforma es crucial. No solo porque afecta a uno de los núcleos de poder e influencia más importantes del país, sino por la delicada situación que atraviesa, con una fuerte caída de la demanda de electricidad (2,1% en 2011, hasta el mismo nivel que 2006), un exceso evidente de potencia instalada (100.576 MW) y una fuerte competencia —forzada, según las empresas tradicionales— de las energías renovables, que el pasado año cubrieron el 33% de la demanda. 

Con todo, el gran problema a resolver se llama déficit tarifario, una deuda contraída —por todos— con las grandes compañías eléctricas, que supera los 24.000 millones de euros acumulados en poco más de una década y que nadie sabe muy bien cómo resolver sin conflictos. Esa deuda convierte a España en una excepción. Es “el único país del mundo en el que los clientes mantienen una deuda con el conjunto del sector eléctrico, que se acumula creciendo de forma crónica año a año”. La descripción es de la consultora PwC en su informe Diez temas candentes del sector eléctrico español para 2012

Pero hay que aclarar qué es el déficit tarifario. Y nadie mejor para contestar que la Comisión Nacional de la Energía (CNE): “Es la diferencia entre el coste real de la electricidad y el precio que los usuarios están pagando por ella”. Bien. Y ¿por qué se produce? “Hasta 2007”, explican los expertos de PwC, “porque la tarifa eléctrica vigente en esos años no recogía adecuadamente el coste de adquisición de la energía”. A partir de julio de 2008, por la diferencia entre los ingresos que se obtienen de los peajes que pagan los clientes y los costes reconocidos a las actividades reguladas del sector eléctrico (transporte, distribución y primas a las renovables, fundamentalmente). 

La dimensión del nudo que debe desatar el nuevo ministro de Industria, José Manuel Soria, se comprende mejor si se comparan los números. La deuda contraída y reconocida a las eléctricas es la mitad del saneamiento impuesto a la banca (52.000 millones de euros) y casi el doble de la deuda del sistema sanitario público (15.000 millones). En números redondos, casi un 3% del producto interior bruto español. 

Más como manifestación de voluntad que como medida efectiva, Soria aprobó a las pocas semanas de hacerse cargo del ministerio una moratoria temporal de las primas que reciben y que este año se situarán en 7.200 millones de euros. Pero la moratoria, que no afecta a los proyectos termosolares ya registrados, apenas supondrá un ahorro anual de 160 millones de euros. Una gota en el mar. Aunque sí lanza un mensaje claro: las cosas van a cambiar, y mientras cambian, la cartera estará más cerrada. 

Así pues, son dos los problemas inmediatos a resolver: el déficit de tarifa —que no deja de ser una factura aplazada a 15 años— y el desarrollo de las energías renovables. Los dos problemas están relacionados. Para las grandes compañías energéticas agrupadas en la asociación patronal Unesa, las renovables son la causa principal de la deuda que oprime el sector por una doble vía: reciben primas en una cuantía que no está justificada y se benefician de una regulación que expulsa del mercado a unas tecnologías tradicionales que, en cualquier caso, son necesarias para respaldar el funcionamiento de sistemas todavía inmaduros. 

Hasta el momento, Soria y su equipo para el área energética, dirigido por el exvicepresidente de la CNE, Fernando Martí, han encarado los problemas sin concretar medidas. “No nos ha recibido”, se quejaba esta misma semana el consejero delegado de una de las grandes compañías. Por parte de Soria, silencio y una idea repetida de varias formas y maneras allí donde ha habido ocasión: la solución a los problemas no recaerá solo sobre los consumidores. La idea no es original de Soria; el primero que la manejó fue el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en su discurso de investidura. 

Mientras Soria y Martí estudian cómo tratar la delicada y cara vajilla energética sin romper piezas, el ministro ha deslizado algunas líneas de lo que piensa aplicar: reformar el mercado gasista para evitar que se reproduzca la situación creada en el sector eléctrico; mantener las ayudas al carbón —un asunto que cuesta más de 500 millones al año y con evidente impacto político en las zonas mineras del país— y aprovechar al máximo todas las tecnologías de generación disponibles, lo que incluye las centrales nucleares y la anunciada renovación del permiso de funcionamiento de Garoña. 

Son pinceladas gruesas, aún por afinar, pero que han bastado para inquietar a las grandes compañías energéticas, que temen, con fundamento, que tras la moratoria “temporal” a las renovables, les haya llegado la hora del sacrificio. Si Economía (Luis de Guindos) logró imponer el gesto de recortar el salario de los banqueros apoyados con fondos públicos, no hay razón, admiten en el sector, para que el Ejecutivo no tenga otro gesto con fácil rédito de imagen al imponer supuestos sacrificios a las grandes empresas. 

Una puerta abierta a la quita 

El ministro Soria, sin despejar la incógnita, ha dejado la puerta abierta a lo que más temen los grandes empresarios del sector eléctrico: alguna forma de quita en la deuda reconocida a las empresas. Lo hizo, sin ir más lejos, la pasada semana en el transcurso de un almuerzo en el Foro Nueva Economía: “No se puede admitir que el déficit tarifario se convierta en un problema de déficit público”, argumentó. De alguna forma, sostiene el exconsejero de la CNE Jorge Fabra, ya lo es. Porque en su opinión, “el déficit tarifario a través de la titulización [colocación en los mercados con aval del Estado], compite con el Tesoro en la colocación de la deuda soberana”. 

Fabra considera que no puede haber quita en la deuda reconocida “porque ese dinero, incorporado al balance de las empresas, ya se ha repartido, entre otras cosas, en forma de dividendo”. Sí se puede actuar, asegura, en el proceso de colocación de la deuda, que debería, en su opinión, correr a cuenta de las empresas. En un sector tan especializado los números se examinan al céntimo para armar las críticas. Sobre el termosolar, los números caen de punta Fabra, como otras voces (Asociación de Grandes Consumidores, AEG; Protermosolar, de empresas con proyectos termosolares, o Unef), consideran necesario revisar la situación de las centrales nucleares e hidroeléctricas, bien para rebajar los precios a los que son retribuidas por generar electricidad, bien para soportar una tasa que contribuya a aliviar el déficit. Lógicamente, las empresas propietarias se oponen ferozmente con todo tipo de argumentos: niegan que las instalaciones estén amortizadas y destacan que son indispensables para garantizar el suministro. 

La cuestión es que, con el ajuste a la vista, cada cual defiende sus intereses lo mejor que puede y sabe. Iberdrola, Gas Natural Fenosa y Endesa, los grandes, apuntan sin disimulo a una tecnología, la termosolar (centrales que utilizan espejos durante el día para calentar fluidos, generar vapor y producir electricidad) como la principal responsable de los desequilibrios que amenazan al sistema en el futuro. El hecho de que en la moratoria para las renovables recién aprobada se haya respetado el plan de instalación de plantas termosolares preregistradas (2.525 megavatios) no ha hecho más que aumentar las críticas. “Nueva burbuja”; “una locura”; “un agujero imposible de financiar”. Las descalificaciones vuelan como cuchillos. 

Los destinatarios de tanta crítica son un puñado de empresas que acumulan 2.525 megavatios autorizados en preregistro. Se trata de Abengoa, ACS, Acciona, Grupo Solar Milenium, Samca, Elecnor y Torresol. Los tres primeros grupos controlan más del 50% de los megavatios autorizados. En el modelo ideal, con sobrecapacidad de generación y demanda a la baja, los precios deberían tender también al descenso. Y sin embargo, no es así En un sector tan especializado como el eléctrico, los números, para bien y para mal, se examinan al céntimo para armar las críticas. Y sobre el sector termosolar, los números caen de punta. Como chuzos. Según las cuentas que circulan por las grandes empresas, la termosolar es la más cara de las renovables (320 euros MWh) y tendrá un coste para el sistema de 2.000 millones de euros al año si se cumplen las previsiones y se instalan los 2,5 GW autorizados. Un coste que se extendería durante al menos 25 años. En 2011 las empresas cobraron en torno a 400 millones de euros y en 2012 la previsión apunta a 553 millones. 

Por supuesto, las empresas agrupadas en la asociación Protermosolar también manejan números. Favorables, faltaría más. Según las cuentas elaboradas por la consultora Deloitte, en 2020 los proyectos termosolares contribuirán al PIB con 3.516 millones al año, ahorrarán la importación de 140.692 toneladas equivalentes de petróleo (tep) y en 2015 su actividad habrá ahorrado la emisión a la atmósfera de 3,1 millones de toneladas de gases. 

Visiones absolutamente divergentes en un sector, el energético, que ha registrado un importante proceso especulativo con los huertos solares y que tiene poco que ver con lo que, en numerosas ocasiones, se ha publicitado para el sector eléctrico: una actividad teóricamente en competencia, liberalizada y moderna. 

Escasa competencia y fiscalidad elevada 

Aunque la teoría se quiebra. En el modelo ideal, con sobrecapacidad de generación —las centrales de ciclo combinado, que suman más de 25.000 megavatios, solo funcionan una cuarta parte de las horas posibles— y demanda a la baja, los precios deberían tender también al descenso. Y sin embargo, no es así. Las razones son múltiples. La escasa competencia y la fiscalidad de la electricidad explican en parte el problema. Hasta un 28% de la factura son impuestos. Y de los costes totales del sistema (en torno a 31.000 millones), más de un tercio tienen que ver con decisiones de política energética o lo que es lo mismo, con decisiones que toma el Gobierno de turno. Un error, como sucedió con la estimación del negocio solar fotovoltaico, o una decisión política arriesgada —contener artificialmente las tarifas eléctricas, como se hizo en 1998— puede hipotecar el futuro. 

Y luego toca enmendar errores. El consejero delegado de Gas Natural Fenosa, Rafael Villaseca, es uno de los representantes del sector eléctrico y gasista que ha solicitado “limpiar” la tarifa eléctrica de todo aquello que, estrictamente, no es electricidad. Desde el coste de mantener el sistema en Baleares y Canarias, los llamados extrapeninsulares, hasta las subvenciones al carbón, pasando por la llamada interrumpibilidad (descuentos a las grandes industrias por admitir restricciones de suministro en caso necesario), que suman, según sus números, 600 millones por año.

Pero en un contexto de crisis, el responsable de Industria lo tiene difícil para taponar agujeros sin soliviantar ánimos. Y no se trata solo de empresas. En el descontrol de los huertos solares, que en 2010 ya sobrepasaban en un 800% el objetivo fijado en 2005 para su desarrollo, además de la favorable retribución, tuvo mucho que ver la duplicidad de competencias entre el Estado central y las comunidades autónomas. Es algo a solucionar. Pendiente. 

Como pendiente está una apuesta decidida por el ahorro energético. Es una cuestión económica fundamental, mal resuelta hasta ahora y que ha hecho perder competitividad al conjunto de la economía. 

Y aunque con las dificultades económicas las cuestiones medioambientales parecen haber pasado a un segundo plano, no conviene perderlas de vista. Lo recuerda en sus documentos la Agencia Internacional de la Energía (AIE), que, para frenar el cambio climático, considera que el 60% de las medidas a adoptar deberían ser acciones relacionadas con la eficiencia energética; el 20% relacionadas con las energías renovables; en un 10%, con la energía nuclear, y en otro 10%, con el secuestro de carbono.

miércoles, 20 de junio de 2012

Alberto Lafuente Presidente de la CNE: “Los precios de la electricidad tienen una justificación complicada”


Entrevista realizada por Santiago Carcar para el Diario El País.

Alberto Lafuente (Zaragoza, 1954) va a cumplir un año como presidente de la Comisión Nacional de la Energía (CNE). Economista, catedrático en la Universidad de Zaragoza, Lafuente llegó a la CNE desde la presidencia de Correos, nombrado por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y sin apoyo del PP. El nuevo Gobierno impulsa la fusión del organismo con otros reguladores en una Comisión de Competencia única. 

Pregunta. El Gobierno está a punto de aprobar una reforma de un mercado energético atenazado por los 24.000 millones de déficit eléctrico, sin competencia y en plena crisis. ¿Cómo ve usted la situación? 

Respuesta. Diría que se ha hecho un esfuerzo considerable en seguridad de suministro y sostenibilidad y se ha prestado menos atención a la competitividad. Tenemos un exceso de capacidad [de generación] de más del 30%, en un escenario financiero complejo, con costes muy elevados y estancamiento económico. Y ese exceso de capacidad, junto a la penetración de renovables con subvenciones muy generosas, ha provocado una pérdida de competitividad. 

Pregunta. ¿Quién se ha equivocado? 

Respuesta. Han jugado varios factores: una cierta miopía acerca de la duración del ciclo económico y escenarios financieros muy cómodos que facilitaban el endeudamiento a costes reducidos. Añadiría que ni el Gobierno ni las empresas supieron anticipar la crisis económica. 

Pregunta. No solo eso, sino que las empresas se lanzaron a construir centrales que hoy sobran y que tenemos que pagar… 

Respuesta. Hay un exceso de capacidad muy notable en ciclos combinados [centrales de generación que funcionan con gas natural]. Las horas de funcionamiento de estas centrales están muy por debajo de lo previsto, aproximadamente unas 5.000 horas. Miopía pública, pero también miopía privada. 

Pregunta. Miopía o no, las empresas reclaman que se retribuya el exceso de potencia porque garantiza el funcionamiento del sistema. 

Respuesta. En España, la generación de electricidad está liberalizada, no sujeta a planificación. Hay un punto en el que pueden tener algo de razón (las empresas) y es que dado el grado de penetración de las renovables se requiere un back up térmico y esa es una decisión de carácter regulatorio, no es una decisión que responda al libre mercado. 

Pregunta. Y todo gravita sobre los precios que pagamos todos… 

Respuesta. Los precios antes de impuestos en España, en electricidad, se sitúan entre los más altos, a niveles de Malta y Chipre, lo que tiene una justificación complicada. Esto es especialmente grave en el sector industrial, especialmente en el segmento pymes, donde el gap que nos separa del promedio europeo en precios antes de impuestos está en torno al 20%. Así que la política energética en los próximos años, tendrá que prestar especial atención a la competitividad. 

Pregunta. Parece más fácil de decir que de hacer, ¿no cree? 

Respuesta. Sí, no va a ser un proceso muy rápido de convergencia de precios. Va a ser un proceso de medio plazo. Porque en general se ignora que las decisiones de política energética tienen un impacto a muy largo plazo y generalmente son irreversibles. Un ejemplo: la moratoria nuclear. Se aprobó en 1983 por el Gobierno socialista para ajustar los excesos de capacidad por los planes de UCD. Pues terminaremos de pagar la moratoria, que supone un 3% del recibo en 2015, 35 años después. 

Pregunta. Tropezamos en las mismas piedras. Eso es lo que está pasando con el déficit de tarifa acumulado en el sistema eléctrico, ¿no? 

Respuesta. El déficit tarifario equivale aproximadamente a cinco moratorias nucleares. Quien piense que el déficit tarifario acumulado se va a absorber en pocos años, pues se equivoca. Va a constituir una restricción de la política energética durante bastantes años. En estas fechas cabe prever que el déficit tarifario incurrido en 2012 se sitúe en más de 3.000 millones de euros, cuando el límite legal es de 1.500 millones. 

Pregunta. La gran reforma que se anuncia es, precisamente, para acabar con el problema… 

Respuesta. Los 24.000 millones acumulados de déficit ya no tienen corrección. Lo que podría tener alguna corrección y es lo que se anuncia, es el déficit que se podría originar en el futuro. 

Pregunta. Es difícil explicar al ciudadano: mire, usted paga precios entre los más caros de Europa por la luz, pero al mismo tiempo, junto a sus conciudadanos debe 24.000 millones porque esos precios deberían ser aún más caros. ¿Qué falla?, ¿quién es responsable? 

Respuesta. Hay varias razones… exceso de capacidad y los costes a pagar que eso supone y que pesan en los peajes (la parte regulada de la tarifa que decide el Gobierno). Además, entre el año 2006 y el año 2010, las primas a las renovables y la anualidad del déficit tarifario se multiplicaron por cinco. La demanda no se multiplicó por cinco. Ha habido algo positivo. España se ha adelantado en la carrera de las renovables, ha tenido retornos industriales, pero tiene un coste a corto y medio plazo notable. Y ha generado un déficit porque no se ha querido trasladar a los precios la totalidad de los costes regulados. Si se hubiera hecho, tendríamos los precios más elevados de Europa, por encima de Malta y de Chipre. 

Pregunta. Describe usted un mercado energético con graves carencias y mal funcionamiento. 

Respuesta. España optó por un modelo liberalizado para el sector eléctrico. Si examinamos lo que ha pasado en los últimos años, se han creado mercados organizados de electricidad, no se ha creado un mercado estructurado de gas, lo cual es una carencia importante que no tiene explicación y no se ha avanzado lo suficiente en la introducción de competencia en los mercados minoristas. Los niveles de competencia que nos muestran los datos de cambio de compañía son bajos. 

Pregunta. Y para aumentar la competencia se estudia sacar a buena parte o a todos los consumidores del paraguas de la tarifa de último recurso (TUR).. 

Respuesta. El espíritu de las directivas europeas es claro. La TUR es una herramienta para proteger a los consumidores vulnerables. En España se entiende por consumidores vulnerables a todos los consumidores domésticos... 

Pregunta. A la vista de la falta de competencia, quizá esa protección tiene sentido… 

Respuesta. Esta es la cuestión. A mí me parece que hay que adoptar las medidas necesarias para que sea posible en un horizonte temporal determinado la eliminación o por lo menos la reducción del perímetro de la TUR. Es imprescindible. Porque la existencia de un precio regulado, fijado en ocasiones con criterios políticos hace imposible la competencia. La propia existencia de la TUR es una barrera a la competencia. 

Pregunta. Para competir tiene que haber transparencia y reglas claras. La Comisión que preside abrió un expediente informativo el pasado año para examinar el funcionamiento de las subastas de energía… Meses después no hay noticias 

Respuesta. Se está trabajando con la colaboración de la CNMV. Espero que más pronto que tarde se apruebe un informe, que sin duda se hará público. Pregunta. Estamos casi en julio. Toca revisión de tarifas. Qué cree usted, ¿debemos prepararnos para otra subida fuerte? Respuesta. Aquí tengo un problema. El supervisor de la subasta nunca debe hacer una previsión sobre lo que va suceder en la subasta. 

Pregunta. Y sobre el temor que se extiende entre las empresas de renovables a nuevos recortes, incluso con carácter retroactivo, ¿tiene opinión?, ¿cree que está fundado? 

Respuesta. Creo que es un error tratar a las energías renovables como conjunto. Cada fuente renovable es distinta. La eólica está muy cerca del mercado. En fotovoltaica y termosolar, las primas previstas para los próximos años son muy elevadas y van a pesar bastante sobre los costes regulados. Pregunta. Usted ha abogado, con voto particular a informes de la Comisión por buscar más equidad en la solución de los problemas... 

Respuesta. El éxito de las reformas estructurales es que estén planteadas con criterios de equidad. En mi voto particular, me parecía que el conjunto de propuestas [de la CNE] eran insuficientes para hacer frente al déficit proyectado en aquel momento y consideraba que debía haber ido más lejos. 

Pregunta. ¿Tanto como para imponer nuevos impuestos a nucleares e hidroeléctricas? Respuesta. Yo he defendido que los impuestos que se barajan en Europa y que podrían ser aplicables en nuestro país, no deberían distorsionar el funcionamiento de los mercados y su naturaleza debería ser tal que no se trasladaran a los costes finales. Pregunta. Detalle por favor… 

Respuesta. Bueno, la aplicación de un recargo a los hidrocarburos, el llamado céntimo verde, que no sería un céntimo, sino seis o siete… pues creo que tendría bastante sentido. 

Pregunta. Y nos olvidamos de tasas a nucleares e hidráulicas Respuesta. Ahí el problema estriba en la justificación. Un impuesto no debe ser discriminatorio. Podría distorsionar el mercado. 

Pregunta. Debo preguntarle en estos momentos por la polémica del carbón y el cierre de minas. 

Respuesta. La CNE no tiene competencias en este asunto. El sector no puede quedar al margen de las dificultades. Pero, según mi experiencia, no es imposible llegar a acuerdos con los sindicatos mineros.